| El
arquitecto Santiago Cirugeda estuvo en San Sebastián
participando en el taller Labitaciones, organizado por Arteleku
y coordinado por la Cooperativa Etxeberria. En su conferencia
trató de exponer las ideas y conceptos particulares
que tiene sobre la arquitectura.
"Las
palabras que emplea la gente para definirte no valen gran
cosa, lo importante es la actitud de cada uno frente a la
vida", con estas palabras empezó el arquitecto
sevillano su conferencia. En su opinión las vivencias
personales de cada uno tienen gran importancia en el trabajo
que realizamos posteriormente. Cada cosa que hagamos tiene
su razón de ser, que en su opinión no es más
que la reacción que tenemos frente a algo. En el caso
de Santiago Cirugeda, el tiempo que pasó estudiando
en la Escuela de Arquitectura de Sevilla ha marcado toda su
trayectoria. En sus palabras Sevilla es una ciudad con grandes
deficiencias, sobre todo en el ámbito de la enseñanza.
Manifestó
que sus primeros proyectos arquitectónicos fueron una
reacción frente a ciertas cosas. "Muchas de las
cosas que nos contaban en la escuela me producían gran
malestar y los experimentos realizados en esa época
son arrebatos vitales contra lo que oí y escuché
en clase" La primera muestra de esa reacción es
la vivienda realizada en la residencia de la escuela de arquitectura.
Estuvo viviendo en dicha escuela un mes, una vez pedido permiso
al Colegio de Arquitectos y firmado un contrato. Santiago
Cirugeda confesó que en aquella época actuó
con un grado de ingenuidad muy grande, pero que la realizó
empujado por una energía vital. "Necesitaba crear
entornos pequeños. Creaba objetos para resguardarme
en ellos. Lo que intenté fue atraer hacia mí
el entorno, personalizarlo" manifestó. En aquella
época realizó muchos experimentos de ese estilo,
pero, al final, viendo que no producían ninguna sorpresa
comenzó a aburrirse y decidió intentar hacerlo
en la calle. "No se puede prever lo que va acontecer
en la calle, no se puede controlar. Jamás averiguarás
lo que va a ocurrir, te equivocarás siempre" manifestó.
Realizó
su primer proyecto en la calle, en el barrio Padre San Bernardo.
Allí viven 30.000 familias y los vecinos están
muy bien organizados en asociaciones y grupos diferentes.
"Hace unos siete años el Ayuntamiento realizó
un proyecto urbanístico en el que se preveía
derribar todo el barrio, y los vecinos me pidieron que realizara
algo. Yo pensé que lo que había que hacer era
canalizar la fuerza natural que poseían y me puse a
pensar cómo podía conseguirlo". Ideó
una estrategia lúdica y curiosa; decidió dibujar
con luces cuatro propuestas que unos años antes los
vecinos de San Bernardo presentaron para la reforma del barrio.
"Señalamos con luces el espacio y el aspecto que
tendrían si se ejecutaran realmente. Participaron muchos
vecinos en ese plan y tuvo una resonancia extraordinaria".
Sin embargo, a pesar de la gran controversia que se extendió
por el pueblo, el Ayuntamiento llevó hasta el final
su propósito y derribó el barrio completamente.
Aquella experiencia le afectó muchísimo, y decidió
trabajar en solitario en adelante. Analizó las ordenanzas
municipales y aprovechó resquicios legales de aquellas
para realizar sus dos próximos proyectos. Realizó
ambos para dejar patente las lagunas existentes en Sevilla.
Con el primero quiso denunciar que en toda la ciudad no había
ningún columpio para los niños y niñas.
Para ello puso una escombrera en la esquina de una calle,
después de analizar todas las normas que se debían
cumplir para tal instalación. Encima de esa estructura
colocó el columpio, que tuvo una gran aceptación.
Al final aparecieron los guardias municipales señalando
la ilegalidad de la estructura, pero una vez analizada la
ordenanza municipal se dieron cuenta de que no se podía
castigar dicho acto.
El segundo proyecto consistió en una casa virtual.
Encima de una base como la anterior, construyó una
estructura con aspecto de casa, "Con este proyecto me
sucedió una cosa extraña. Los niños y
niñas del barrio vendieron entradas para el magnífico
teatro que decían se iba a representar. Cuando la gente
se acercó a la hora del espectáculo y se dio
cuenta que era mentira se armó un lío tremendo.
¡Historias de la calle!"
El siguiente proyecto lo realizó un año más
tarde. Tomó como base la ordenanza sobre la instalación
de andamios para transformar la fachada de una casa. "Se
debe presentar en el Ayuntamiento el informe realizado por
un técnico y yo solicité la licencia de pintado
de fachada. Como argumento dibujé mis iniciales SC
en la pared". Cuatro meses estuvo el andamio allí
montado. Después de ese tiempo tuvo que pintar de blanco
la pared, pero las palabras que anteriormente estuvieron pintadas
de verde son todavía visibles. El proyecto tuvo eco
en los medios de comunicación, y Santiago Cirugeda
cree que eso es buena señal, "pero siempre pido
que estas noticias aparezcan no en las páginas sobre
el arte, sino en las páginas de sucesos porque así
la gente llama y pide información".
La siguiente iniciativa consistió en ocupar la parte
alta de un edificio ubicado en la parte vieja de Sevilla para
construir nuevas habitaciones. Ya que levantar las estructuras
era ilegal, tuvieron que trabajar durante un año de
noche y sin hacer ruido. Según Santiago Cirugeda no
hay trabajo que más alegría le ha proporcionado.
Poco a poco consiguió construir con sus amigos una
vivienda. "Al final tuve que denunciar la construcción
públicamente por medio de los periódicos para
que surgiera una discusión. La foto la realizamos con
sumo cuidado, para que nadie descubriese la ubicación
concreta de la vivienda.
Me parece legítimo aprovechar esos espacios para vivir,
creo que hay forma de regularlos y de tomar las medidas necesarias
contra la especulación, pero como en tantas cosas falta
voluntad" declaró.
Los trabajos del arquitecto sevillano fueron haciéndose
cada vez más conocidos y comenzaron a interesarse por
él en los foros de arte. El primer trabajo que hizo
en ese campo fue el proyecto que realizó en el pueblo
de Calaf. Según el proyecto presentado las autoridades
municipales creyeron que iba a realizar trabajos semejantes
a los realizados en Sevilla, "pero siguiendo con mi modo
de trabajar, empecé a analizar las lagunas o problemas
existentes en Calaf y me encontré con el problema del
uranio". Desde hace bastante tiempo se rumoreó
que en Calaf había uranio. En el pueblo había
muchos más casos de cáncer y leucemia que en
otros pueblos y ello causaba preocupación entre los
vecinos. Dándose cuenta de ello, Santiago Cirugeda
decidió aprovechar el dinero otorgado por el Ayuntamiento
para realizar una investigación sobre el uranio, para
ello quiso realizar un proyecto que uniese arquitectura y
arte. Puso en marcha todo el procedimiento administrativo
para solicitar información sobre dicho tema; el camino
comenzado por él lo continuó otra familia de
Calaf y al final consiguieron que el rumor se confirmase.
"Para mí fue una experiencia inigualable, pero
las autoridades municipales armaron una gran revuelo argumentando
que aquello no era arte. Yo trabajo basándome en problemas
concretos y en Calaf el problema del uranio era la principal
preocupación de los vecinos" manifestó
el arquitecto.
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Después de esa vivencia de Calaf decidió volver
a la calle. Para ello utilizó un tema que en aquel
momento era de actualidad en el barrio sevillano en el que
vivía. Por orden del Ayuntamiento se estaban realizando
diferentes trabajos en el barrio, pero los vecinos no estaban
de acuerdo con la decisión de las autoridades municipales
y en la calle la controversia era muy viva. Los vecinos le
pidieron ayuda al arquitecto y éste les respondió
afirmativamente. "Me pidieron que interviniera y siendo
del barrio, ¡como me iba a negar! Me dieron ocho mil
pesetas para ejecutar el proyecto. Finalmente preparamos una
pequeña vivienda en un árbol, donde los vecinos,
turnándose, estuvieron viviendo sin interrupción
durante quince meses". Durante todo ese tiempo los trabajos
permanecieron parados y finalmente los vecinos decidieron
la demolición de la instalación. A pesar de
que Santiago Cirugeda manifestara su desacuerdo, haciendo
caso a la mayoría la instalación fue demolida,
"y tal como yo había pensado, de nuevo las autoridades
se rieron de nosotros. A los pocos días de demoler
la instalación los trabajos volvieron a comenzar".
El segundo trabajo relacionado con el arte le fue solicitado
por el Ayuntamiento de Alcorcón. En aquel tiempo acababa
de entrar en vigor la ley del botellón y el arquitecto
sevillano, estimando que no había surgido suficiente
controversia entre los vecinos, decidió basar su proyecto
en dicha ley. El Ayuntamiento de Alcorcón estaba dirigido
por el Partido Popular y de ello se valió para realizar
su denuncia. "Analicé la ley del botellón
y me di cuenta que en las fiestas patronales no había
ninguna prohibición de bebidas callejeras. En aquel
momento decidí que los días para realizar el
proyecto debían ser días de fiesta y así
lo hice". Gastó el presupuesto de cien mil pesetas
en adquirir cerveza y la puso sobre unos carritos en la calle,
con una foto de 1971 a su lado. En la foto aparecía
una cuadrilla de jóvenes bebiendo en la calle. "La
gente que pasaba por la calle se paraba a mirar la fotografía,
por si reconocía algún conocido en ella; yo
aprovechaba para ofrecerles una cerveza fresca y entablar
con ellos una conversación". Aquella vez también
surgieron controversias en relación al proyecto, pero
el éxito fue rotundo entre los vecinos.
La siguiente iniciativa también fue muy comentada en
los medios de comunicación. Santiago Cirugeda ocupó
un solar en donde construyó una vivienda, "El
motivo principal era fomentar una discusión sobre la
función de esos solares. En Sevilla hay gran cantidad
de solares que no se utilizan para nada. Yo construí
allí una vivienda, completamente legal, según
las ordenanzas municipales". La reacción del Ayuntamiento
fue bastante extraña, le propusieron trabajar en equipo
en la realización de un gran proyecto: la construcción
de la plaza de la Libertad. En la entrada de Sevilla, junto
al TAV, el Ayuntamiento tenía la intención de
construir una gran plaza. "Yo les comenté que
en lugar de una se podían construir cien, utilizando
para ello los solares vacíos". El ayuntamiento
firmó el contrato, pero no aprobó la nueva ordenanza
para regular el uso de los solares, por lo que en este momento
el proyecto está parado.
Pero mientras tanto Santiago Cirugeda no ha permanecido parado.
En casa de sus padres, un edificio de siete plantas, construyó
una nueva vivienda. En cada planta alquiló una habitación
a un vecino, con los que firmó un contrato. Después
de haber dado ese paso, construyó túneles para
la comunicación de los espacios que había alquilado
legalmente. También ocupó la cubierta del edificio
aunque sabía que no era legal, "estudié
con un buen amigo abogado la ley de arrendamiento y con su
ayuda firmamos los contratos con los vecinos del edificio
de mis padres. Sabía que la ocupación de la
azotea era ilegal pero cuando me enteré de que la tramitación
iba a ser larga, no lo pensé dos veces. Teníamos
la posibilidad de ocuparla durante seis meses; entonces, ¿por
qué no realizar el proyecto?" señaló.
Hoy en día Santiago Cirugeda está participando
en proyectos más grandes e importantes. Junto al periodista
Jesús Quintero está intentando reformar un edificio
viejo de Sevilla. "Es un viejo edificio ubicad en uno
de los barrios más pobres de Sevilla. Nosotros queremos
reformarlo y reciclarlo. Es un edificio industrial, pero lleva
veinte años vacío. Queremos utilizarlo para
realizar acciones en relación a la creatividad".
Han empezado a negociar con el Ayuntamiento, habrá
que ver lo que sucede.
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